30. La construcción de uno mismo. La moral estética. Michel Onfray. Edición Libros Perfil, 232pp.


Las virtudes del renunciamiento ya cumplieron su tiem­po: les debemos la incurable melancolía en la que está in­mersa nuestra época. Aspiro a no caer en la complacencia hacia las tinieblas y la mortificación. Una moral estética nos convoca a una vida transfigurada en la construcción de uno mismo: implica la vitalidad desbordante, la res­tauración de la virtù renacentista contra la virtud cristi­ana, el talento para el heroísmo que crea la individualidad vigorosa, el consentimiento a la abundancia, la capacidad para la magnificencia. Desde la perspectiva hedonista, es­ta ética engrandece la gentileza, la elegancia, la palabra empeñada, la amistad y las afinidades electivas. Sólo a este precio será posible una moral jubilosa y decidida­mente contemporánea. M. O.